En noviembre de 2019, el recién nombrado consejero delegado de Daiichi Sankyo, Sunao Manabe, comunicó a los inversores que la compañía había devuelto a AstraZeneca el fármaco Movantik para el estreñimiento inducido por opioides con fecha de octubre, y que había pedido a Inspirion Delivery Sciences que cancelara su acuerdo de licencia sobre los opioides con disuasión de abuso MorphaBond y RoxyBond. «Con estas acciones, [la operación estadounidense de Daiichi Sankyo] salió del negocio del tratamiento del dolor y se centró en oncología y [el] negocio de hierro inyectable», afirmó. Un aviso WARN ya había señalado 68 despidos en Nueva Jersey con efecto del 7 de octubre: la fuerza de ventas del área del dolor en EE. UU. empleada por Daiichi.

La aventura en el dolor había sido costosa. En 2014, Daiichi acordó pagar hasta 650 millones de dólares por medicamentos combinados de hidrocodona de Charleston Laboratories; la FDA rechazó el proyecto principal CL-108 en 2017, lo que obligó a un deterioro de 250 millones de dólares. También había pagado a AstraZeneca 200 millones de dólares por adelantado en 2015 por los derechos de comercialización conjunta de Movantik, y el fármaco logró solo 70 millones de dólares en ventas en EE. UU. en sus tres primeros trimestres, un 14 % menos interanual.

El giro tenía un contrapeso: AstraZeneca apostaba 6.900 millones de dólares por el principal conjugado anticuerpo-fármaco de Daiichi, [fam-] trastuzumab deruxtecan (DS-8201), con una solicitud para cáncer de mama metastásico en revisión prioritaria de la FDA que se esperaba concluyera en el segundo trimestre de 2020. Daiichi acababa de obtener su primera aprobación oncológica en EE. UU. desde 2011 (Turalio) y planeaba invertir 100.000 millones de yenes (920 millones de dólares) o más en fabricación para la franquicia de ADC. La salida se produjo mientras Johnson & Johnson, Teva y Purdue Pharma ofrecían acuerdos por opioides de miles de millones de dólares.

Una apuesta de 6.900 millones de dólares de AstraZeneca por su principal conjugado anticuerpo-fármaco, con la revisión prioritaria de la FDA para cáncer de mama metastásico en curso.

La crisis de los opioides había convertido el dolor en EE. UU. en un terreno jurídico movedizo, con J&J, Teva y Purdue negociando acuerdos de miles de millones de dólares.

La franquicia del dolor nunca rindió: las ventas de Movantik cayeron un 14 % y el fármaco principal de Charleston Labs fracasó ante la FDA, con un costo de deterioro de 250 millones de dólares.

Manabe estaba orientando la compañía hacia su meta para 2025 de convertirse en un «innovador farmacéutico global con ventaja competitiva en oncología».

El acuerdo oncológico de 6.900 millones de dólares con AstraZeneca convertía al cáncer en el destino demostrablemente de mayor valor para el capital de Daiichi.

Cuando una categoría se vuelve tóxica, la velocidad de salida es estrategia: Daiichi renunció a una franquicia del dolor a medio construir para concentrarse en la cartera por la que los rivales pagaban miles de millones para acceder.

La salida se completó con el recorte de la fuerza de ventas del área del dolor en octubre de 2019, mientras la alianza oncológica con AstraZeneca y una expansión de fabricación de 100.000 millones de yenes sostenían el giro. Daiichi mantuvo su negocio del dolor en su país, Japón, lanzando allí Tarlige para el dolor neuropático periférico y un nuevo genérico de oxicodona para el dolor oncológico.

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Las fuentes

  1. Daiichi Sankyo pulls out of U.S. pain market amid oncology pivot, opioid scrutiny Fierce Pharma · fiercepharma.com ·