A lo largo de décadas, los puestos de control de misión e ingeniería de la NASA migraron a contratistas — a menudo para aumentar la plantilla sin elevar el número de funcionarios, como recuerda el director de vuelo del Apolo Gerry Griffin. Para 2026 la agencia tenía unos 40.000 contratistas frente a unos 14.000 funcionarios, unos 4.000 menos que a principios de 2025 tras las renuncias diferidas de la era DOGE. Los límites del modelo afloraron durante la campaña de lanzamiento de Artemis II, cuando los controladores que atendían un problema en la plataforma no pudieron consultar los esquemas — los documentos estaban sujetos a las normas de propiedad intelectual del contratista y les llegaron mediante una pantalla compartida de Teams.
La «iniciativa de plantilla» del administrador Jared Isaacman comenzó este año a revertir el modelo: 7.500 puestos de contrata se están convirtiendo en empleos de funcionario para reconstruir competencias esenciales. Se encargó a los 10 directores de centros de campo identificar a empleados de contratistas —especialmente en lanzamiento, operaciones e ingeniería crítica para la misión— para internalizarlos. Los mayores proveedores, Amentum, Jacobs y KBR, suministraban miles de contratistas y advierten de que el cambio altera un ecosistema flexible de décadas de antigüedad mientras la NASA regresa a la Luna; disputan el cálculo del ahorro, afirmando que los gastos generales son solo del 2–3 % de la remuneración.
Isaacman sostiene que las estructuras de contratistas añaden capas de gestión, herramientas de terceros y barreras contractuales; memorandos del personal indican que los pilotos iniciales identificaron más de 100 millones de dólares en ahorros, que podrían superar los 1.000 millones. La plantilla de funcionarios asciende ahora a unos 21.000 —más que cuando comenzó el segundo mandato de Trump—, una hazaña política en una Casa Blanca que impulsa recortes. Y el Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial, a menudo crítico con la NASA, respaldó el esfuerzo: su presidenta, Susan J. Helms, calificó la directiva de «una visión coherente y necesaria» y dijo que el panel no había encontrado preocupaciones críticas.
Los pilotos identificaron más de 100 millones de dólares en ahorros, con proyección de superar los 1.000 millones; los funcionarios son ahora unos 21.000; el panel de seguridad no encontró preocupaciones críticas.
La conversión ataca un fallo concreto y documentado: conocimiento crítico para la misión encerrado tras la propiedad intelectual del contratista, accesible solo por pantalla compartida durante las operaciones de lanzamiento.
Revierte una deriva externalizadora de 40 años con una cifra concreta —7.500 puestos— en lugar de una declaración de política.
El argumento del ahorro está contestado en público (100 millones identificados frente a una afirmación de gastos generales del 2–3 %), lo que lo convierte en una apuesta comprobable y no en un eslogan.
El respaldo de un panel de seguridad independiente embota el contraargumento más fuerte: que la prisa en un calendario de Artemis aumenta el riesgo.
Cuando una capacidad esencial está detrás de un contrato, también lo está su información: la titularidad del trabajo, no la línea de plantilla, decide quién puede ver los esquemas cuando el cohete está en la plataforma.
La conversión seguía en curso en octubre de 2026, con algunos empleados informando de rotación por salario, prestaciones y reubicación; el material no informa de una cifra final de plantilla ni de un ahorro verificado.
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Las fuentes
- Why is NASA bringing 7,500 contractors back to work as civil servants? Ars Technica · arstechnica.com ·