Antes de JupViec, Bui Thao My pasó por trabajos de fábrica, venta de aperitivos y un carrito de comida callejera, porque los empleos que no exigían título ni inversión rara vez le daban estabilidad. En 2012 se unió a JupViec, entonces una agencia nueva que conectaba a trabajadoras domésticas con clientes.

El cambio decisivo llegó en 2016, cuando JupViec lanzó su propia aplicación y exigió a todas las trabajadoras usarla. My no podía permitirse un teléfono inteligente, así que la empresa se lo dio y descontó su costo de sus ingresos mensuales. Google Maps sustituyó los mapas en papel, y el horario semanal pasó de una agenda a unos cuantos toques.

A medida que la plataforma creció, la economía de My cambió: antes aceptaba todos los trabajos, incluidos encargos al otro lado de la ciudad por menos de un dólar la hora; más tarde llegó a ganar hasta 150.000 dong (6,3 dólares) por hora. Con una calificación de cinco estrellas y antigüedad, limitó los trabajos a un radio de 8 kilómetros y consiguió contratos con clientes de seis meses o anuales.

JupViec tenía 3.000 trabajadoras en las principales ciudades de Vietnam. My rechazó las ofertas de clientes para contratarla fuera de la plataforma porque permanecer con JupViec le daba el respaldo de una empresa frente al impago, la exposición a drogas y el acoso sexual, riesgos que había visto en el trabajo.

JupViec llegó a 3.000 trabajadoras en las principales ciudades de Vietnam; My pasó a ganar hasta 150.000 dong (6,3 dólares) por hora y a tener contratos de seis meses o anuales.

Instalar la aplicación en el teléfono de cada trabajadora hizo que el enrutamiento y la programación fueran utilizables incluso para trabajadoras que no podían permitirse el dispositivo.

Los mapas y un horario compartido sustituyeron la coordinación en papel, reduciendo la fricción de aceptar trabajos en una ciudad grande.

Las calificaciones y la antigüedad permitieron a My reducir su zona de servicio y su carga de trabajo mientras atraía contratos de clientes más largos.

La plataforma ofrecía una empresa en la que confiar cuando los clientes directos podían negarse a pagar o exponer a las trabajadoras al acoso.

Digitalizar la última milla de la trabajadora es más que lanzar una aplicación: financiar el acceso al dispositivo y luego usar calificaciones, mapas y programación para convertir trabajos dispersos en un servicio fiable.

Más de una década después de unirse, My seguía siendo una de las trabajadoras con mejor desempeño de JupViec. Trabajaba hasta 10 horas al día dentro de un radio de 8 kilómetros, ganaba hasta 150.000 dong (6,3 dólares) por hora y atendía a clientes recurrentes con contratos de seis meses o anuales. El valor de la plataforma no era solo el enrutamiento: le daba una empresa en la que confiar cuando un cliente directo podía negarse a pagar o acosarla.

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Las fuentes

  1. The domestic worker in Vietnam who's more like a butler Rest of World · restofworld.org ·