Los teléfonos de Nueva Zelanda eran operados por el Servicio Postal, un departamento gubernamental. Tras las elecciones de 1984, que desencadenaron una crisis fiscal y cambiaria, el gobierno laborista lanzó una reforma económica radical: en 1987 el brazo de telecomunicaciones del Servicio Postal se convirtió en Telecom Corporation, una empresa estatal obligada a operar con criterios comerciales, y en 1989 el mercado se desreguló por completo, sin un regulador específico del sector.

El 14 de junio de 1990 el gobierno firmó un acuerdo para vender Telecom a un consorcio de Bell Atlantic y Ameritech con los socios locales Fay Richwhite y Freightways por 4250 millones de dólares neozelandeses, la mayor transacción empresarial en la historia de Nueva Zelanda y la sexta mayor del mundo ese año. Una cláusula «Kiwi Share» garantizaba llamadas locales residenciales gratuitas y limitaba las subidas del alquiler de línea.

En 1991 los compradores adquirieron una participación del 98 por ciento y de inmediato cotizaron Telecom en las bolsas de Nueva Zelanda, Australia y Nueva York, ofreciendo 724,5 millones de acciones a 2 dólares neozelandeses cada una. El modelo de intervención mínima y sin regulador suscitó después críticas —los competidores litigaron con Telecom por la interconexión durante años—, pero la venta en sí se convirtió en el buque insignia del programa de privatizaciones de Nueva Zelanda.

Unos ingresos por la venta de 4250 millones de dólares neozelandeses —la mayor operación empresarial de Nueva Zelanda y la sexta mayor del mundo ese año—, además de una operadora modernizada y cotizada en el plazo de un año.

La crisis de 1984 dejó al gobierno desesperado por efectivo y divisas, lo que hizo políticamente posible la venta de activos.

La corporativización de 1987 transformó una burocracia en una empresa con cuentas comerciales que los inversores podían valorar.

Vender antes de imponer una regulación estricta maximizó el precio: las casas financieras sostuvieron que los compradores habían pagado de más precisamente porque no existía un régimen de interconexión.

La cláusula Kiwi Share logró la aceptación pública al proteger las llamadas locales gratuitas.

Corporativizar primero, desregular después y vender al final: convertir un departamento gubernamental en una empresa con cuentas claras la hizo un activo vendible, y la política de competencia hizo el resto.

Telecom (más tarde Spark) se convirtió en la operadora cotizada dominante de Nueva Zelanda. Bell Atlantic y Ameritech salieron con beneficios a finales de los años noventa. La ausencia de un regulador de telecomunicaciones se convirtió en la controversia duradera: las disputas por la interconexión con la rival Clear se prolongaron durante años, y Nueva Zelanda acabó endureciendo el régimen, incluida la desagregación de 2006 y la escisión estructural de Telecom en Chorus y Spark en 2011.

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Las fuentes

  1. New Zealand to Sell State Phone Company Los Angeles Times · latimes.com ·
  2. Chapter 5 — Selling the Family Jewels NetHistory New Zealand · nethistory.co.nz
  3. A history of leading change TUANZ · tuanz.org.nz